Imposible abarcar a todos y a todas, aunque se intentó, en la foto en la cima de Txulato (946 m). Mucho montañerx o insuficiente cima o ambas cosas a la vez
Txulato y el castillo de Portilla. Rodezno y María Vega
Un día, el de hoy (22/02/2026), de los de recordar tanto por el día tenido, propicio para ejercitar el cuerpo y la mente por el monte, como por el buen ambiente que se respiraba entre los aventurados (en su definición de “afortunados”) a la excursión montañera programada por Txarlazo mendi Taldea de la Ciudad de Orduña/Urduina.
Así, el bus, después de recoger montañeros y montañeras en Llodio y Amurrio llega a Orduña donde accede el grueso de la expedición para, a las 08:00, iniciar oficialmente el desplazamiento al destino de hoy.
Subido el puerto de La Barrerilla y en el cruce de Izarra en Beluntza, el bus recoge al último montañero, en esta ocasión veterana montañera y asidua a las salidas del club urduinarra.
Comienza la caminata en el pueblo de Portilla/Zabalate
En Altube se adentra en la autopista AP-68 para circular por ella hasta cerca de Miranda de Ebro, saliendo y tomando la carretera al pueblo de Berantevilla y, desde aquí, al siguiente, Portilla/Zabalate (1), primer destino del bus, donde nos deja para iniciar nosotros la etapa montañera de este día que tiene como meta coronar la cima de Txulato.
Iglesia de Santa María de la aldea medieval de Portilla de Ibda
Allí arriba nos espera el castillo. Mientras, nos vigila
Ahí, desde Portilla/Zabalate, siendo las 09:10 de la mañana de este domingo, comienzan a transitar un número determinado de piernas y más piernas. Del orden de noventa y seis que se dirigen primeramente al poblado medieval en ruinas de Portilla de Ibda y, posteriormente, al castillo en la atalaya rocosa que, hace unos siglos, defendía el lugar de las incursiones expansionistas de Castilla.
Panorámica fotográfica del castillo y de la aldea de Portilla de Ibda
La señal nos indica que vamos bien. ¡Que no nos hemos perdido!
Hoy día se conservan las ruinas de la iglesia de Santa María de estilo románico y algunos lienzos de la muralla que protegía al poblado. En altura, se enclava el castillo que, tras la intervención arqueológica realizada hace unos años, ha quedado asentando, protegiendo los restos que aún quedan en pie, posibilitando visitarlo con acceso para todas las edades. Suele decirse que el castillo, representado en el escudo de Álava/Araba, es el de Portilla.
Panorámica aérea desde la atalaya del castillo. Abajo ruinas de la iglesia de Santa María
Una parada para comprobar que no estamos perdidos y que el camino es el correcto
Desde la cima del mismo se domina, en un radio de 360º, toda la planicie situada a sus pies con los valles que forman el río Ayuda y el Zadorra y los montes y montañas con sus cordilleras, conocidas y holladas por la mayoría de las y los aficionados al montañismo como son, entre otros, el monte Toloño, las sierras de Árcena, Badaia y Arkamu; Macizo de Gorbeia, Montes de Gasteiz, Anboto, Udalatx, Sierra de Aizkorri y Aratz; San Formerio, Moraza, Peñalta y Cerro en Trebiño; San Tirso y Palomares, en la Sierra de Cantabria y, los más lejanos, San Lorenzo y San Millán en la sierra de la Demanda; así como los pueblos de Berantevilla, Ozio, Haro y Miranda de Ebro, principalmente.
Además, se visualiza la idoneidad del entorno para enclavar la fortificación que defendía, en aquel tiempo, al Reino de Pamplona de los ataques imperialistas de Castilla, pues mucho del recorrido del entramado amurallado de la aldea medieval aprovecha las paredes verticales de roca caliza, auténticas murallas naturales creadas por la propia naturaleza.
Señales indicativas para no perderse. A nosotros Txulato nos queda a 20´ de subida
Empieza lo más exigente, dejado atrás el cortafuegos
Desde este paradigmático lugar, apenas a 500 metros del actual y habitado pueblo de Portilla/Zabalate, nos dirigimos camino adelante por sendero sinuoso pero transitable y desbrozado hasta coger un descenso que lleva al fondo de la vaguada desde la que se inicia la fuerte subida con fuerte repecho con una pendiente de 30% durante 400 m, a través de un ancho cortafuegos.
Finalizado el mismo, en el cresterío de la sierra, se vuelve a transitar nuevamente por sendero sinuoso y desbrozado que nos llevará directamente a la cima de Txulato (946 m), donde las y los 48 montañeros se las desean para situarse y sacarse la foto familiar de rigor y, alguno que otro, hacer sonar la campanilla que lo corona. Protagonista de esta cima, junto con el vértice geodésico y el buzón montañero instalado por la Sociedad Excursionista Iradier de V-G, además de la urna de metacrilato que guarda una réplica de la leyenda del Toro de Oro de Portilla.
(Leyenda, de finales del siglo XIX, que habla de un toro esculpido en oro puro que se encuentra enterrado en la sierra de Portilla, en la ladera norte, cerca del monte Txulato. La leyenda cuenta que el tesoro está escondido en un punto concreto desde el cual se pueden divisar siete ríos. Por ahora están localizados seis ríos: Ebro, Inglares, Bayas, Ayuda, Zadorra, y Rojo, pero falta el séptimo río que, de momento, nadie lo ha localizado). (2)
Conseguida y alcanzada la cima desde la que también se divisa la Sierra de Cantabria, toca ahora desandar el recorrido anterior, descendiendo por la fuerte pendiente (cortafuegos) que ahora sino exigente como su ascenso, sí concita a extremar la preocupación y seguridad que todo descenso exige y obliga.
A medio camino de este descenso cogemos una desviación a la derecha por camino ancho que culminando el mismo, se hace una parada para el hamaiketako y seguimos caminando ahora también por otro camino ancho de pista que asciende a la derecha. Al de un rato nos salimos del mismo para ascender a una falsa cima o de menor importancia de nombre Las Tasugueras (893 m), por la que discurre un camino herboso de paso, que ofrece también unas vistas que son apreciadas. El nombre de esta, apenas cima, proviene de “lugar de guaridas de tejones (“tasugueras”=“tejoneras”: “madriguera del tasugo”).
Volvemos a la pista anterior de ancho camino y, por la misma, en suave y prolongado descenso llegamos al pueblo de Portilla/Zabalate por camino distinto al de la ida, del que habíamos partido 3 horas y 40 minutos antes. Andando por dicho camino de llegada, pasaremos cerca de unas antiguas canteras, una fuente y, sobre todo, tocaremos la larga, por su longitudinal recorrido, y vertical pared de roca caliza que se erige en muralla natural y hace de parapeto defensivo de la abandonada aldea medieval.
Saliendo del pueblo, en la primera casa nos espera, sin nosotros saberlo, una mesa de firmas para protestar e impedir en lo posible que afeen el paisaje de este entorno natural con el proyecto de erigir placas solares fotovoltaicas en las fincas y terrenos a la entrada al pueblo.
Tal fue la conciencia y empatía de las y los montañeros para con estas mujeres, defensoras de su entorno y luchadoras en su intento de parar barbaridad semejante, que las hojas de firmas se agotaron quedando algunos montañeros sin poder estampar su firma.
Llegados al autobús, es el momento del cambio de muda para dirigirnos a la villa y Ciudad (título éste concedido en 1891) de Haro que se hace saliendo por el pueblo de Zambrana. Decir antes de proseguir con el relato que algunas de las personas que no han realizado el paseo mañanero y montañero con el sol y la buena temperatura de compañeros, han estado pasando toda la mañana en dicha localidad y allí nos esperan.
En Haro se ha disfrutado del resto de la mañana probando los caldos de algunos de los bares que circundan la plaza mayor y la calle de arriba, la de San Tomás, pues tiempo teníamos, ya que la comida estaba anunciada para cerca de las 15:30 horas. (Todas y todos sabemos que en Orduña y los de Orduña, los domingos no tienen ninguna prisa para sentarse alrededor de la mesa, costumbre que practican vayan donde vayan). Así que hasta las 15:00 horas, ahí que nos vemos en este domingo soleado y muy primaveral en Haro.
Siendo ya la hora, se parte al lugar donde se comerá, que no es otro que el pueblo de Rodezno, a 7 km de Haro, en el restaurante María Vega. En dicho restaurante de fama casi mundial, nos sorprendemos, al menos el MdB, por la manera del reparto y distribución de los platos a degustar, es decir, que no es la que normalmente estamos acostumbrados (un primero, un segundo plato y postre), sino que se sirve en bandejas y cada uno se sirve a su gusto y un tanto apresuradamente si no se está acostumbrado y, encima, no era una sino varias, con distintas variedades de platos culinarios.
Pues al chorizo a la brasa envuelto en papel aluminio como entremés o aperitivo de bienvenida, le siguieron bandejas de paella, de patatas a la riojana con su tierno chorizo, de alubias rojas y otras de alubias blancas que venían sin solución de continuidad. Era un no parar de salir bandejas de la cocina.
Luego, como segundo plato, llegaron bandejas de bacalao, de carrilleras, de patitas de cordero, llamados “patorrillos” (tripas de cordero enrolladas en patitas del mismo animal, asemejando una madeja) y de callos, utilizando los comensales las mismas artes que con los primeros platos.
De manera resumida, el menú consta de un montón de primeros y segundos, más postre y bebida, pero los primeros y segundos platos no son de elegir uno de ellos, sino que caen todos en la mesa y todos se consumen.
Primeramente, ya sentados, llamó la atención encima de la mesa, la disposición del pan: largas barras de pan casero sin cortar, en espera de que lo hagamos nosotros mismos (autoservicio o self-service que dicen los guiris).
Por otro lado, el comedor ofrece la posibilidad de ver la cocina pues ésta, tras los cristales transparentes, se dejaba ver, permitiendo contemplar y ver el proceso de cocinado y trabajo que da una cocina preparando los alimentos a consumir posteriormente
Como antes decíamos, no había que bajar la guardia, pues el plato individual no era tal sino sólo el pretexto para alojar lo que se pudiese adquirir de la bandeja o plato colectivo. Haciendo por ello oficio de buen fajador, conteniendo la respiración, y actuando a modo de zafarrancho de combate.
Con los postres la cosa cambió, vino la tranquilidad y la calma, pues los mismos tuvieron una distribución más acorde con lo que tenemos costumbre como es el servicio individual por comensal, por lo que la respiración se fue ralentizando, trastocándose las pulsaciones a su estatus normalizado. Los mismos consistieron en tarta helada y una porción de flan casero.
Para los cafés era obligado salir del restaurante y acceder, al otro lado de la calle, al local del bar del mismo establecimiento hostelero.
Fue una experiencia llamativa y nueva para algunos de nosotros, pero a la vez interesante y, a pesar del desconocimiento, positiva aún y todo. Si hay una próxima ocasión de comer en el pueblo de Rodezno ya estamos preparados para sobrevivir a la experiencia.
Como conclusión a este momento culinario, constatamos que no sabíamos lo que se avecinaba con tanta traída de bandeja. También es verdad que la experiencia vivida puede no ser la tónica general, sino resultado del hecho que éramos 54 personas comiendo a la vez en el mismo comedor.
Resumiendo, la jornada ha dado para un día redondo. Buena gente las y los orduñeses o urduinarras que a la vuelta en el bus nos deleitaron con canciones del repertorio popular y algunas otras de éxitos de las últimas décadas del siglo pasado como “Eva María se fue…” o “Escribí tu nombre María Isabel...”. Comprensible esto último, pues son montañeras y montañeros con mucha experiencia, es decir, con muchos años llevando la mochila a sus espaldas.
Redondo es el calificativo de este día: Una circular muy llevadera, con los kilómetros justos y el sol cómplice, guiñándonos con sus rayos la mañana del día. O séase, un andar montañero sin mucha exigencia y sin cansancio ni fatiga en absoluto.
Pedir más sería pecado.
Nota: Nada hemos dicho del título nobiliario español “Conde de Rodezno” que alude al pueblo de su nombre. Fe creado por Carlo IV de España en 1790 y tuvo notable relevancia durante la dictadura de Franco.
Muchos se acordarán del VII Conde de Rodezno, Tomás Domínguez Arévalo, destacado tradicionalista y carlista, además de aristócrata y terrateniente, que fue Ministro de Justicia durante la sublevación franco-fascista y en los primeros años de la Dictadura de Franco.
En Pamplona tenía dedicada la plaza frente al Monumento a los Caídos (o “Navarra a sus muertos en la Cruzada” que así figura en su fachada), monumento que en los últimos años es centro de controversia, ya que se discute si tirarlo o reconvertirlo, es decir, "resignificar" el edificio, cambiando el significado que hoy día aún sigue teniendo. Actualmente, a la plaza que llevaba su nombre se ha sustituido por “Plaza de la Libertad”.
Título pues, este de Conde de Rodezno, que hace referencia al pueblo homónimo del que hemos hecho mención anteriormente y donde tuvo lugar el encuentro gastronómico del día de hoy.
(1) El pueblo de Portilla en 1925 pasó a pertenecer al municipio de Zambrana del que sigue formando parte. Antes de esa fecha estaba integrado en el municipio de Berantevilla.
Por otro lado, al entramado natural a modo de muralla medieval del primitivo Portilla de Ibda, se le conoce como la "muralla china vasca" ("navarra", mejor) por el aspecto que crean las crestas rocosas y murallas naturales que lo envuelven.
(2) Otra leyenda que también tiene de protagonista al pueblo de Portilla es la conocida como La trenza de Salomé, vecina del pueblo, de la que algunos decían que era "santa".
Esto es lo que se dice al respecto: María Salomé López Gómez falleció con treinta años, de tuberculosis pulmonar, en 1910, un año antes moría su hijo Luis Laguardia López con tan sólo seis meses. Salomé pasó mucho tiempo postrada en la cama y se dice que murió tocando pitos y cantando.
Cuentan que un día mientras estaban los vecinos en misa y estando Salomé enferma en la cama vio desde ésta a una niña pequeña, de la casa de al lado, de puntillas en el alféizar de la ventana. Se levantó de la cama a pesar de su mal estado, subió corriendo a la iglesia para avisar de lo que estaba ocurriendo. Los vecinos llegaron a tiempo para salvar a la niña.
Salomé antes de morir pidió su último deseo: donar su trenza negra y larga a la ermita de Nuestra Señora del Campo. Dicha trenza se conserva en su totalidad colgada a la izquierda del altar de la citada ermita.
Su marido, Bernabé, era zapatero y estaba muy enamorado de su mujer. Bernabé también era el sacristán del pueblo y aun cuando vivía su mujer tocaba las campanas de la iglesia para la llamada a comer recitando lo siguiente:
"Salomé, Salomé
pon la mesa para comer,
guarda el vino, guarda el pan
para el pobre sacristán".
Uno de los motivos por el que se le atribuyó que era "santa" es el siguiente relato:
"Estando el párroco Laureano y Alejandro Fernández, apodado “el Navarro”, levantando la sepultura de Salomé, una vez que habían pasado los diez años establecidos para el levantamiento del cadáver y la realización de un nuevo enterramiento, ambos se encontraron con el cuerpo incorrupto de la joven y decidieron enterrarla en el interior de la iglesia.
Unos dicen que se enterró en el cuerpo central de la misma, cerca de la sepultura de Estéfana Larrauri. Otros que detrás del altar mayor. También los hay de la opinión de que se enterró en uno de los cuartos que hay en el campanario bien en el del -Ángel- o bien en el del -Demonio"-.
Esta leyenda ha dado lugar a muchas y diferentes versiones. Esta versión aglutina a todas las narradas y difícilmente se puede corroborar por la escasez de informantes nacidos en los primeros años del siglo XX. (Copiado del blog https://callejeandocallejeando.blogspot.com/2017/01/portilla-zambrana-alava.html).




























No hay comentarios:
Publicar un comentario